Cuando un alumno me pregunta lo que he aprendido en estos años de constante estira y afloja entre maestros, compañeros de Universidad; luego en el trabajo con mis patrones, compañeros de trabajo; posteriormente como free lance con mis colegas que me ayudan; como maestro y mi relación con los alumnos, etc. etc.

Les trato de resumir de la siguiente forma:
Lo primero es que jamás se llegado a conocer al 100% mis debilidades y mis aptitudes.
Pero es importante que sepamos por qué estamos en este mundo gráfico, casi todos los que terminan la profesión o están estudiándola si les preguntas por qué están en Diseño y no en otra carrera, muy pocos te responderán con un gran júbilo, certeza y pasión.

Para algunos la carrera es llenar su ego y pasarse de un lugar a otro “criticando” todo lo que se mueva visualmente y decir que todo es una basura, pero en realidad lo que pretenden es decir “yo lo hubiera hecho mejor”, pero el “hubiera” no existe.

En el trabajo a veces uno tiene que ceder su espíritu de prima donna en el diseño y ayudar por ejemplo a empacar los catálogos que se mandarán por paquetería a la mañana siguiente, hablar con algún cliente “rompe-huevos”, decirle al colega de a lado el último tip de Photoshop, etc. la convivencia solidaria se agradecerá tarde o temprano.

Tenemos que estar alertas a todos los estímulos a nuestros 5 sentidos, nos ayudará para la inspiración el oler tierra mojada en medio de una lluvia en el campo, como se gritan los luchadores en una función en alguna arena de la ciudad, saborear ese delicioso tamal de hoja de plátano, ver la minifalda de nuestra vecina, etc.
No todo es líneas, sombras, contraste, usabilidad, etc.

Ese mismo ojo clínico-visual nos ayudará al recorrer los pasillos del centro comercial y empaparnos de “todo” lo que se nos pegue en nuestro cerebro. Al ver los anaqueles podremos dilucidar por qué un paquete se muestra mejor que otro, por qué me llamó la atención un cartel o por qué me repelió un anuncio de el Palacio de Hierro con su mujer-objeto que ya está muy cachondeada tanto el anuncio como toda la campaña publicitaria o la Comercial Mexicana y sus mensajes dirigidos hacia un cierto sector de la sociedad, que esté dejando el monstruo Walmart, etc.

Aprendí a aprender lo que no me gustaba, cuantas veces decimos “diseñar tipografía para qué si ya existen miles y las puedo bajar gratis”.
Pero cuantos buenos diseñadores de tipografía han salido últimamente de nuestros países latinoamericanos?
Casi ninguno, teniendo todo un bagaje cultural entre los sellos prehispánicos, nuestras artesanías, nuestras costumbres, etc.

Tenemos que saber “vendernos”. He conocido excelentes ilustradores que jamás se dan a conocer, porque me dicen ” es que no sé cobrar mi trabajo” o de plano nunca se acercan a una agencia de publicidad o despacho de diseño para ofrecerse como free lance.
Y al final sólo se quedan con el “que cochinada de dibujo hicieron para el logo de Vamos México, por qué no me llamaron a mí”.
Tratemos de darnos a conocer chingaoooo!

Otra es que si sabemos que somos buenos para algo lo tratemos de hacer con pasión y no engañarnos tratando de abarcar todo y pensar que “todo” lo hacemos bien.
Si no podemos programar PHP y MySQL, pues contratemos a un programador que nos ayude y de paso creamos una alianza.
Zapatero a tus zapatos.

Preguntar, preguntar y preguntar.
Como me desesperan los sabelotodos que por temor a que los tachen de ignorantes no preguntan, es buena la analogía del personaje que llega a una ciudad extraña y que no pregunta por temor al qué dirán y termina perdido por horas buscando la salida.
Casi todos los errores en diseño es por una mala c o m u n i c a c i ó n.
Aprendamos a ser curiosos, si vamos a una imprenta preguntar por qué se utiliza ese papel y no otro, como hacen los suajes, qué errores más comunes cometemos los que mandamos diseños, que resolución para una impresión en plotter, etc.
La curiosidad no mata al diseñador.

Tomemos a nuestro cliente o maestro como un amigo no como un tirano, si tenemos cierto problemas contra la autoridad siempre estaremos a la defensiva.
Desde que estamos estudiando nos cuidamos de lo que se está burlando el profesor o ya en el trabajo de lo que un cliente nos trata de menos-preciar nuestro esfuerzo gráfico para que le cobremos menos.
Si nos peleamos con ellos será peor, mejor “digamos que sí pero no digamos cuando”.
Cuando era joven me peleaba con todo mundo, de bachilleres me corrieron 7 maestros por “mentarles su madre”, la mayoría tenía yo la razón porque eran unos pre-potentes, pero a la larga me las vi negras al presentar todos esos exámenes extraordinarios.
En la Universidad me calmé y aprendía a decirles que sí, pero al final hacía lo que creía conveniente.
Con los clientes lo mismo, no discuto sus ideas, tomo lo mejor de ellas, pero al final hago lo que creo funcionará mejor, no lo que me guste o lo que les guste sino lo que mejor comunique el mensaje.

Lo mejor es ser humilde, pero con una gran pasión por el deporte de las patadas visuales.