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El deporte de la Ciudad de México: Ver traseros

buen trasero
Ayer que casi estuve todo el día en la calle, pude observar una actividad que se está haciendo cada vez más notoria. Si va una mujer caminando por la calle, los que van de frente, pasando ella se voltean al instante para verle su trasero.
Eso sucedió en casi un 95% de los que pude observar.

Para ello me instalé en la plaza del Metro Insurgentes, infinidad de buenos jeans pasaban por ese sitio, así que también pude ver algunos personajes que en lugar de “corretear” a la víctima, sólo toman un buen punto de referencia, esperan que pase un buen trasero y se perdían en él.
Imagínense a estos sujetos cuando entran al Metro, están tan calientes que, se querrán “agasajar” a cualquiera.

Ya dentro del metro un personaje estaba observando el escote de una muchacha por todo el recorrido de 4 estaciones, no se si se estaba masturbando mentalmente, pero si por algún motivo una persona se interponía entre su visión, lo hacía un lado y seguía viendo las tetas de la muchacha.
Es tan común en nuestra Ciudad que existan personas que sólo se dedican a “fisgonear”.

Foto de referencia vista en Flickr

¿Cual es tu secreto más escondido?

Bueno, parece que mi viejo vecindario me trae más vivencias que recordar.

Ayer que visité a mi Madre en un barrio muy fuerte llamado Jalalpa Tepito, donde pasé mis años de joven-adulto, me encontré con un cuate de mi generación, ya está todo amolado, se hizo teporocho, “chemo”, drogadicto, etc. etc..
Me pidió un “feria” para sus “cañitas”.
Le dije -bueno g”?ey, conste que estoy aportando para tu muerte cabrón!
-No la hagas de pedo pinche Adán, me replicó.

Luego fui al mercado del barrio para comprar tortillas.

Allí me encontré a una amiguita (por cierto buenísima y sigue estando), hermana de uno de mis mejores amigos, entre ella y yo nos estuvimos “cogiendo” cariño por mucho tiempo sin que supiera mi cuate, ni su familia ni nadie.
Recordamos cuando la llevaba a muchos lugares, en una semana nos fuimos hasta Puerto Escondido, ella dijo que estaba en el Estado de México con su amiga. Una perfecta luna de miel.

Lo peor es que se casó con otro amigo y este g”?ey jurándome que cuando la agarró un año después, era virgen. No le pude decir que ya sabía que no lo era.

Platicamos de muchos buenos ratos y me preguntó -¿oye Adan aparte de nuestro secreto, que otro tienes así muy cabrón como para guardarlo? -putsss, me hizo dudar, sudar, pensar, sentirme incómodo y le dije, -no manches! tengo algunos que si se supieran, tal vez la Iglesia me excomulgaría en un segundo.

-Sí, todos tenemos secretos tan oscuros como nuestra conciencia, dejémoslo así, me confió. Nos despedimos.

Toda la noche pensé en mis secretos más recónditos…

No creía en los Reyes Magos

ReyesMagos.jpg
A los 9 años y ya no creía en los Santos Reyes, pero un accidente me hizo creer en ellos de nuevo.
Resulta que ese año no me habían traído nada todavía, porque mi Mamá llegaba un día después a donde vivía yo, la casa de mi tía.
Decidí entonces despotricar en contra de los “pinches reyes magos”, que no existían, que sólo eran buenos con los ricos, etc. etc.
Tomé mi vieja bicicleta y comencé a dar vueltas por el vecindario en la Colonia el Cuernito, allá por Santa Fé en la Ciudad de México.

Mi tía me mandó a comprar las tortillas, al regresar por una esquina, iba por la banqueta y de pronto una camioneta se fue contra mí, lo único que ví fueron unas grandes llantas y una defensa cromada, me arrolló, pasó sobre mí, pero milagrosamente por ser tan alta sólo me golpeó un poco en el cuerpo y la cabeza.

De inmediato las mujeres que estaban en la tortillería casi lo golpeaban al que manejaba.
Poco a poco me incorporaron, mi bicicleta estaba totalmente inservible, le pasó una llanta por en medio.

El señor de la camioneta estaba tan agradecido con Dios de que no me pasó nada, que ese momento de descuido que había tenido no se concretó en una tragedia.
Me abrazó e inmediatamente de su cartera me dio el dinero para comprarme una bici nueva.

Así que los Reyes Magos me habían ayudado a sobrevivir, además tuve una bicicleta reluciente y nueva que era lo más difícil para un niño de mi vecindario.

Desde ese momento he seguido creyendo en los Reyes Magos.

¿Por qué Vecindad Gráfica?

Me han preguntado el por qué de el nombrecito de Vecindad.
Bueno eso se remonta a mi infancia, viví en varias vecindades de la Ciudad de México y me pareció una de las mejores interacciones entre diferentes personas.

Una que me forjó para sobrevivir las “peleas” del diario-infancia, que se llevan a cabo en las escuelas de gobierno fué en la Colonia Argentina, una de las más peligrosas de los alrededores de Tacuba, un barrio super-bravo. En donde comunmente se veía correr a los vecinos con un radio en el brazo y atrás la policía.

Allí vivía con mis tíos, mi tío Rubén siempre organizaba un ring en la vecindad entre los “escuincles” yo a los 9 años ya tenía asignados varios contrincantes de la semana.
Me decía “órale pinche Adan a romperse la madre”
Ni modo que me “abriera:, tomaba los guantes y a darle, quizás para muchos es algo retrógrada eso de las peleas, pero creanme en esas colonias o te peleabas o te agarraban de tu “puerquito”.
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Centro del Distrito Federal: Piratería y ritmo endiablado

El sábado pasado por la mañana acompañé a un amigo (es estudioso de la cultura popular México-California) que venía de San Diego California, me dijo que quería saber lo que era visitar el Centro Histórico desde el Metro, taxis y microbuses.

Resultó toda una odisea, qué mejor para él.

Salimos desde el Metro Eugenia, no hubo complicación hasta que tomamos la dirección 2 (Cuatro Caminos-Taxqueña), allí vimos que subían y bajaban vendedores de todo tipo, desde una persona invidente cantando con una grabadora estilo Karaoke, un vendedor de CDs de los “los mejores tríos”, llevaba un CD placer, para que escucháramos los éxitos, luego otro con un DVD player (marca patito) que vendía DVDs Clones de películas de estreno, por supuesto que todo era pirata y a $10.00 pesos cada uno.

Cuando entramos a la estación Hidalgo ya una mujer estaba hablando con un “policía” que se supone son los nuevos elementos para detectar lo que respecta a los que se la pasan “molestando” a las mujeres, tal vez ya alguno le había tocado las nalgas.

Los nuevos trenes están muy buenos, sobre todo que ya cuentan con pasadizos entre ellos, así que si quedas “atrapado” en uno, te puedes pasar al que sigue, además su aire acondicionado es muy efectivo, antes los trenes parecían baño de vapor, -bueno con su olor no tan agradable que dijéramos. Ahora por lo menos existe un aire menos enrarecido.

Al llegar a la catedral, nos fuimos a las tradicionales calles de “ventas”, quedamos impresionados como 9 de cada 10 puestos ofrecían productos piratas, desde los mismos CDs que se ofertaban en el Metro ñpero de a 7:00, pasando por el Suite CS2 de Adobe, hasta coches de pilas “made in China”.

Los puestos de tacos y fritangas “de muerte lenta” estaban abarrotados por la gente que acudía al lugar. ñParece que nuestro aparato digestivo se acostumbra a todo, ni siquiera las verduras expuestas al calor y polvo hacen daño.

Vimos de todo, desde las prostitutas de la calle Avenida Circunvalación hasta los portales de Santo Domingo, donde como es sabido te puedes llevar un título profesional de cualquier Universidad.
Uno de ellos al preguntarle si podían sacar un título de Abogado, nos dijo “claro mi buen, si le sacaron un título en caliente al presidente Fox, que no te saquemos uno a ti. El costo era de $4000.00
De diseñador de $2000.00 con todo y cédula profesional.
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La violencia: manejando en el DF

taximexico.jpgAhora que manejaba de mi casa al trabajo pude observar como nos podemos transformar debido a la violencia cotidiana.
Resulta que iba manejando tranquilamente, un microbús se paró a subir gente, lo traté de rebasar y un taxista que quería hacer lo mismo casi me golpea por la parte de atrás, -como quien dice que se enojó porque le gane la posición.
Seguimos y en una curva me rebasó cual conductor de las 24 horas de Lemans, -ni en cuenta.

Al llegar a una intersección se le paró otro taxi enfrente, se dio vuelta en U, aproveché el momento para rebasar a los dos taxis, como pasé muy cerca del que estaba dando vuelta en U, me mentó la madre con su claxon, yo hice lo mismo, pero el que había dejado atrás, me alcanzó y se me cerró varias veces, como queriendo pelear.
Lo dejé por unos cuantos intentos, pero ya cuando llegamos al semáforo, primero se me quedó viendo y me la mentó con la mano, posteriormente me dijo que me bajara, no le hice caso, pero cuando se trató de bajar del taxi, al instante me bajé, me quité los lentes y lo reté a o romperse la madre.

Primero quedó atónito de que me bajara después de todo lo que me hizo, luego pensó que estaba yo todo segatón y no podría dejar mis lentes, luego se sorprendió más de que me bajé y lo reté a golpes.
Le dije que si no le hacía caso es porque tenía que llegar temprano a entregar un trabajo, pero que no pensara que le tenía miedo.
Lo único que hizo fue decir “pssssahhhh pus que muy chingón?”, le dije que dejara de decir estupideces y que se rompiera el hocico conmigo. Para ese tiempo ya le temblaba la boca, se hizo para atrás cuando le hice la finta que lo iba a descontar, me tiró una patada, le agarré el pie y lo tiré, se quedó allí tirado, no hizo nada.

Para qué estaba perdiendo el tiempo con un g”?ey que no se aventaría una pelea, lo dejé allí y le dije: “eres un pobre pendejo que cuando siente la de “de veras” le sacas”

Uno se transforma en un instante, así es nuestra Ciudad de México.

El Chavo sigue en los primeros lugares

elChavo.jpgEl Chavo sigue en los primeros lugares de preferencia en muchísimas partes de América.
Prueba de ello es que en la revista online de Slate lo nombraron como todo un caso en la cultura hispano parlante.
El Chavo – The enduring popularity of a Mexican sitcom about a street kid who lives in a barrel. By Brendan I. Koerner Según Slate la popularidad se debe a que los migrantes que viven en los Estados Unidos les llama la atención por sentir una cierta nostalgia de su lugar de origen.

Eso es muy real. Cuando yo viví por seis años en San Francisco se sentía muy agradable entrar a una taquería y escuchar música de Banda o ranchera, te sentías como en alguna parte de nuestra república mexicana. Aquí en México casi no escucho ese tipo de música, -bueno en una fiesta o baile me encanta, pero no para ponerla en mi carro. Pero en Estados Unidos uno busca alguna puertita que nos muestre algo de nuestra tierra.

Acostumbraba a jugar fútbol todos los días en un parque, el primer día que hablé me apodaron "chilango", así que para toda la vida en ese País ese fue mi apodo. Los mismos amigos me invitaron a jugar con ellos en un equipo, jugábamos todos los sábados.

Por el motivo de ser "chilango" tuve problemas, porque existe un estigma de conflicto entre los de la capital DF y los Estados de la República. Así que si sabían de entrada que era chilango me tiraban más patadas que a otros, así que fácil me aventé unas 20 peleas.
Bueno al terminar los juegos nos “bamos a la casa de alguién a festejar, nos hechábamos unas chelas, comíamos algunas carnitas, barabacoa, etc. escuchábamos música, platicábamos, etc. Me sentía como si estuviera en México DF.

Los domingos en Estados Unidos son más familiares, así que ese día extrañaba más a los míos. No me quedaba de otra más que ir al gimnasio en la mañana, desayunar en algún buen sitio gringo, posteriormente ir a jugar por invitación a otro equipo de fútbol mixto, muy divertido es jugar entre hombres y mujeres. Comía en algún lugar super-mexicano, regresaba a casa y a ver TV toda la tarde.

Ahí era cuando podría ver al Chavo, pero todavía en esa época no lo pasaban en la programación.

La nostalgia es lo que hace que muchos mexicanos no aguanten mucho por esas tierras lejanas…