Objetos Cotidianos

La primera vez que te vi.
Tu fotografía.
El recuerdo de Janitzio.
La primer noche en la cabaña de Pátzcuaro.
La primer mañana viendo tu perfil.
Día libre… para los dos.
El sol reflejando tu imagen.
Sigues dentro de mi.
Tu fotografía.

La inmortalidad

Hoy salí a comer con una gran amiga de hace años.
Extendimos la comida hasta la noche.

Una de las grandes pláticas fue de como nos hemos salvado de MORIR.

De las muchas que recordé y que tengo en mi memoria fueron:

A los 10 días de nacido me picó una araña en la frente, mi Madre me llevó hasta una Ciudad cercana, caminó por más de cuatro horas entre el monte, al llegar, el Doctor le dijo que me iba a suministrar un anti veneno “para caballos”, pero que de todos modos se encaminara a mi pueblo, porque si no sudaba en media hora ya no existiría.
En el camión de regreso al pueblo donde nací, ella estaba pendiente del sudor, el cual llegó gota a gota.

A los tres meses de nacido, un tío, hermano de mi Madre, estaba comiendo un taco de salsa verde, super-picosa. Ese güey me cargó, remojó el taco en el molcajete de salsa y me lo dio a chupar, estuve a punto de morirme de asfixia.

Una camioneta me atropelló cuando manejaba mi bicicleta a los 6 ó 7 años. La bicicleta quedó destrozada, yo quedé abajo de la camioneta, pero sólo me llevé unos raspones.

Cuando tenía 9 años no podía estar ni un minuto en mi casa, salía a las barrancas que rodeaban la colonia donde vivía, allá por La Navidad y San Fernando, cerca de Cuajimalpa.
En una de nuestras aventuras, se me ocurrió subirme a un gran árbol para ver de cerca un nido de pájaros. Trepé como gran maestro infantil, al estar a unos centímetros de verlo, la rama se rompió, caí del árbol como a unos 10 metros, pero eso no fue lo peor, ese árbol estaba sobre una pendiente que llevaba al precipicio.
Rodé por unos 20 metros en una gran pendiente de tierra y hojas, lo que me salvó la vida fue que al final, a unos metros de llegar al precipicio me pude agarrar de una gran raíz, eso hizo que parara mi loca carrera, pero no lo suficiente para no caer al fondo. Era una altura como de 9 metros de caída libre y el piso estaba tapizado de piedras.
Caí en medio de grandes piedras, en mi bolsa derecha del pantalón traía un buen puño de canicas, se hicieron polvo contra mi pierna al chocar de frente sobre una de ellas.
Reboté y me pegué fortísimo en un costado de la cabeza.
Mi amigo el “güero” que me acompañaba ese día, como pudo me llevó hacia arriba.
El recuento de los daños: Siete chichones, múltiples raspadas en todo el cuerpo, sangre en la nariz y en la boca, no podía caminar y la verdad no sabía qué parte de mi cuerpo me dolía más.

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La primera vez que conocí tu esencia

Ese día nos vimos en la esquina de tu casa, el puesto de papas fritas y tu hermano chingando al prójimo {}~o sea yo
hizo que el ligero perfume de tu mejilla al darme un beso de saludo se fueran a la coladera más cercana.

Una plática muy inteligente en la carretera México-Puebla, inteligente llamaría a mi mano derecha, que ya estaba buscando por debajo de tu falda escolar.
-¿me acompañas a recoger mi acta de nacimiento a donde nací?
-Claro Adan ¿para qué la quieres?
-Es que en el bachilleres me la piden para terminar con el papeleo final.

Al cruzar por el poblado de Río Frío disfrutamos de la leña quemada, un olor exquisito, mezclado con la Negra Modelo que iba disfrutando, sí nada más dos me dijo ella.
-Está muy fuerte esta cerveza Adan, tomé una y ya se me subió.
-No es posible ¿a poco tanto así?

Mi mano ya estaba tocando el borde de las pantys, de reojo vi que eran de color blanco. También los que iban en el autobús al que me emparejé por unos segundos y rebasé. De seguro alguno pudo ver ese triángulo que yo estaba tocando con las yemas de mis dedos.

Al pasar el tiempo mi mano frotaba más ese lugar, se fue recostando a mi hombro, tal vez para que no viera su “carita feliz”.

En mal momento llegó la caseta de pago, saqué con mi mano temblorosa el dinero de la cuota. Ella me pidió bajar al baño.

La vi caminar, guau! qué buen cuerpo y con esa faldita escolar se veía muy bien.

Proseguimos el camino, una media hora antes de llegar a donde nací, encontramos un excelente lugar para terminarnos el “six” de Negras Modelo que traíamos en la cajuela.
Le dije que no había prisa, que ese valle tan verde y entre los árboles sería un lugar perfecto para platicar.

Estuvimos ahí como dos horas, nos reímos, disfrutamos.

La lluvia comenzó y en unos minutos llenó el ambiente a tierra mojada.

Los árboles desparramaban su olor a verde, a fresco, a cómplices.

El romanticismo nos llegó muy pronto, nos abrazamos, besamos, apretujamos, sentíamos nuestros cuerpos.

Mi mano izquierda tomó su escote, abrió la blusita y tocó la piel desnuda.

No pudimos contenernos, las ventanas se humedecieron, nos sirvieron de escudo, los vidrios empañados nos invitaban a la intimidad, la tomamos.

En unos cuantos minutos ya estábamos en el asiento de atrás…

Y por primera vez sentí el olor fresco de tu ser…

Que jamás se me ha olvidado, que no se parece a nada, sólo a tí…

Gracias por ese día de Marzo, ese primero de Marzo, que sólo tú y yo sabemos que sucedió…

Adan

Si haces el amor a temprana edad serás un delincuente

Con razón tengo un temperamento de madrear a todo mundo, si desde los 10 años comencé a jugar al doctor y “al papa y la mamá” con mi prima de 15 años.

No wonder:
Early sex correlates with delinquency

¿Ustedes creen?

Nací en un pueblito cerca de Zacatlán, Puebla

Para los que conozcan la zona eco-turística de Zacatlán, Puebla, el lugar de las piedras encimadas, sabrán que es una zona considerada magnética, así como el cerro del Tepozteco en Morelos.
Su belleza es increíble y además es una zona muy tranquila.
zacatlan de las manzanas

Muchos se preguntarán que cómo es posible que las piedras estén una sobre otra sin desplomarse, guardando un equilibrio que niega la gravedad de la tierra, como si hubieran sido talladas o esculpidas por un gran artista. Esto da la pauta a una leyenda que dice que las rocas son en realidad gigantes cuya maldad fue castigada por un dios prehispánico que los convirtió en piedra.

Hay estudios mineralógicos en los que se demuestra que este fenómeno de piedras encimadas se relaciona con la historia de la tierra y no con ninguna leyenda. Las formaciones pertenecen al periodo Terciario, es decir que tienen unos 65 millones de años de edad; la actividad volcánica, las reacciones químicas y los agentes atmosféricos como la lluvia, el viento, el sol y la humedad son factores que con el paso del tiempo y a través de millones de años formaron y moldearon el conjunto escultórico de Piedras Encimadas.

Bueno, yo nací como a media hora de ese lugar. En un pueblito de unas cuantas casitas, nada que mostrar, sólo una tierra abrumada por la neblina mañanera y sus fuertes lluvias en Julio y Agosto.

Me siento orgulloso de ser poblano, me siento orgulloso de haber nacido en esa tierra, donde lo que más se disfruta es la naturaleza.

Tal vez por eso ahora estoy metido en todo lo que se hable de la fuerza prehispánica en nuestro País.
Me siento nahual.

Valle de Piedras encimadas en Zacatlán, Puebla

Salí de ese lugar cuando tenía tres años, nos fuimos al terrible Distrito Federal. Ahora le tengo tanto cariño a mi Ciudad adoptiva como lo tengo por el lugar donde nací.
Vivimos quejándonos del tráfico, de la contaminación, de los asaltos, de la violencia cotidiana, de la falta de trabajo, etc.
Pero para mí es una Ciudad que me ha dado la oportunidad de estudiar, trabajar, disfrutar con mi familia y amigos, así que la seguiré queriendo.

Quieto

Esta imagen que vi en Quieto-Motocine me recuerda mi infancia.

quieto

Así como se ve este “chavito” así me veía yo, corriendo por los mercados de Cuajimalpa y Tacubaya, peleándome con los otros chavitos, ganando dinero en las canicas, trompo, balero, “bolillo”, tacón, bolados, etc. etc.

Bueno, de vez en cuando lavaba carros, ayudaba a las señoras con las canastas del mercado o la hacía de bolero (limpiador de zapatos).
Pero casi el 80% de mi dinero lo obtenía gracias a mis habilidades en el juego.

Gracias a Dios nunca me faltó dinero en la bolsa izquierda de mi pantalón {}~ esto es una costumbre que tengo desde niño, siempre el “cambio” “monedas” va del lado izquierdo.
Y así sigo con mi cambio en la bolsa izquierda, nunca dejo que por lo menos tenga un peso en esa bolsa…

Hasta cuando al llegar a Estados Unidos y no tener trabajo por casi un mes, solo tenía en mi bolsa dos monedas de a cuarto de dolar.
Al siguiente día me llamaron para un trabajo en una librería, ahí llegué a ganar hasta 15 dólares la hora, para después cambiarme a un buró de servicio en Preprensa, donde estuve por cuatro años y medio, ni les digo cuanto llegué a ganar, pero fue un excelente trabajo.

Todo gracias a no dejar vacía mi bolsa izquierda del pantalón.

Ni modo… a veces uno es supersticioso, pero más que nada es la fe en la vida…

Yo perdí la fe en el 14 de Febrero cuando tenía 9 años

Ese 14 de Febrero me armé de valor, compré una rosa en el camino a la escuela, que hasta mi hermana me dijo -¿oye que te pasa, a poco ya tienes novia? ja, ja, ja, ja.
-Qué te importa.

Al llegar con mi rosa en la mano para dársela a mi maestra de quinto grado, de la cual estaba profundamente enamorado, sobre todo porque casi siempre en el recreo me llamaba para que comiera con ella. Cada vez me traía un sandwich, un pan o cualquier fruta.

La vi desde lejos, estaba radiante, con un vestido azul claro, parecía la princesa de los cuentos que yo dibujaba.

Todo el festival quería acercarme a ella, nunca lo pude hacer, ya que los alumnos estábamos del otro lado del patio.

Al terminar el festival, por fin pude llegar a la maestra, pero de pronto…

Un sujeto se le acercó, la rodeó por la cintura y le dio un beso.
No podía creer que alguien pudiera estar besando al amor de mi corta vida.

Aventé la rosa en el campo de básquetbol y me fui todo encabronado.

Desde que vi a mi maestra de quinto año besuquearse con su novio en el festival de la escuela. Jamás volví a creer en el 14 de febrero.
Nunca pensé que ella tendría novio.
Pensé que como era su alumno consentido no tendría ojos para ningún hombre.
{}~inocente de mí…

Esa fue una terrible experiencia.