Día Internacional de la Mujer 2007
Mar 8, 2007 9:59 am Noticias Generales
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El futuro son las mujeres, por lo menos aquí en México, los deportistas más destacados últimamente son del género femenino.
Del machismo mexicano, seguirá con lo mismo, no dejan trabajar a la mujer y si lo hacen les pagan menos.
Claro que con un gobierno de ultra derecha, en donde lo que menos le importa es la Cultura y Educación, preferirán que las mujeres se queden a cuidar a los niños, que vayan a la Iglesia dándole gracias por mantenerlas humildes y sumisas, que sigan viendo los programas de chismes y así todo mundo estará contento.
Un festejo más a la mujer con las mismas carencias de hace años
Aquí les dejo un artículo que se publicó en el Universal por parte de Sabina Berman, me lo mandó por email Aurora Maravert:
Sabina Berman
El Universal
Ciudad de México
Lunes 05 de marzo de 2007
10:08 ¿Ha muerto el feminismo? A veces una se pregunta cuando menciona la palabra y un coro de mujeres veinteañeras resopla. O para precisar: ¿Más bien el feminismo triunfó y por eso ya es irrelevante?
Hace dos años me encontré a mí misma hablando de feminismo en un aula
universitaria y contando los resoplidos de mis alumnas. Los alumnos
sencillamente tenían expresiones vacías, seguramente pensaban en algo
distinto, jugueteaban con sus plumas, miraban a la ventana: esperaban que el
tema de la clase volviera a ser universal.
Al sexto resoplido decidí afrontar el asunto y pregunté:
—¿Quiénes son feministas en esta clase? Un muchacho y una muchacha
levantaron tímidamente las manos. Otra alumna murmuró: —Mi mamá era
feminista.
Otra dijo: —Eso ya pasó, ¿no? Nosotras somos la prueba de que ya pasó y con
éxito.
Pregunté:
—¿Quiénes son antifeministas? Ni pío: nadie dijo ni hizo nada. Estábamos
después de todo en la Universidad de Berkeley, el bastión del liberalismo
norteamerica- no. Ni más ni menos donde se forjó el Movimiento de los
Derechos Civiles, la protesta contra la guerra de Vietnam y también el
Feminismo, en la lejana década de los años 60 del siglo pasado.
Dije entonces:
—Esto va dirigido a las mujeres.
¿Quiénes de ustedes no quieren ganar menos dinero por el mismo trabajo que
los varones? Se alzaron todas las manos femeninas con cierto desgano. Era
obvia la respuesta. Pregunté:
—¿Quién no quiere que su género sexual le impida accesos al Poder político?
Todas las manos, con aire rutinario.
—¿Quién no quiere ser discriminada en ningún sentido por su género sexual?
Todas las manos.
—¿Quién quiere no ser golpeada, violada, amputada u obligada a la
prostitución? Todas las manos, por supuesto. Y mis alumnas parecían estar
despertando. Una dijo:
—Habría que ser feminista para defender a esas mujeres. Es decir, las
golpeadas, violadas, amputadas, prostituidas: las mujeres de los estratos
bajos económicamente del Primer Mundo, las mujeres de los países africanos y
árabes y las mujeres de las maquiladoras del Tercer Mundo.
Seguí preguntando:
—¿Quiénes de ustedes están atormentadas por la opción de ser madres o tener
éxito en el mundo? De pronto las manos femeninas se fueron alzando con brío.
Varias alumnas se miraron entre sí e intercambiaron frases. “Te dije que es
un tema feminista”, murmuró una a la otra. Otra más me dijo: “Tenemos un
grupo para discutir el asunto cada viernes”.
Yo seguí atizando el fuego:
—¿Quiénes no encuentran en sus gobiernos el apoyo para ser madres y además trabajar y tener un gran éxito? Los rostros se habían llenado de espíritu aguerrido y las manos se alzaron a un tiempo.
—¿Quiénes quisieran condiciones de trabajo que les permitan ser madres y
ciudadanas productivas?; ¿quiénes creen que debieran haber guarderías
públicas de calidad?; ¿quiénes creen que los hombres debieran asumir la
mitad del trabajo doméstico y del cuidado de los niños?; ¿quiénes creen que
el trabajo doméstico debiera ser un tema de Estado?; ¿quiénes creen que el
Estado se hace tonto cuando el tema es el bienestar de las mujeres?
Todas las manos de mujeres hasta arriba y por primera vez los hombres del
aula despertaron, inquietos. No les gustaba para nada el ambiente bullicioso
de sus compañeras y el tema empezaba a entrometerse en sus vidas masculinas.
—Dos cosas -dije.
-Una: les tengo una noticia, son todas ustedes feministas. Y la segunda: por
fin de verdad siento que estoy en la Universidad de Berkeley.
Lo cierto es que el feminismo se ha dormido sobre los laureles de sus
logros. Pero necesariamente está por despertar de nueva cuenta a saldar los
asuntos pendientes para que de verdad exista equidad entre los géneros.
Los temas pendientes: a) erradicar la violencia contra las mujeres, b)
replantear las responsabilidades en la crianza de los hijos, c) solucionar
el trabajo doméstico y d) criminalizar definitivamente la discriminación.
Según cifras recientes, la violencia contra las mujeres en el mundo ha
subido, no bajado, la última década. En contra de la creencia de mis alumnas
de Berkeley, la violencia también ha escalado en el Primer Mundo,
notablemente en países como España, Francia y Canadá.
También, aunque el nivel de escolaridad de las mujeres es equivalente al de
los hombres, las mujeres siguen atoradas en un escalafón inferior: están
ganando mucho menos dinero y ocupando mucho menos puestos de poder.
Resulta que entre la escuela donde las mujeres se preparan y los trabajos
donde pueden ganar dinero y poder, se abren todavía dos trampas. La trampa
del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, que siguen siendo
responsabilidades exclusivamente femeninas. Y la trampa de la
discriminación, que ahora opera silenciosa pero casi igualmente de efectiva
que hace una década.
Nunca como ahora hubo tantos universitarios sin ejercer sus profesiones. La
mayor parte de estos universitarios desempleados son mujeres que interrumpen sus ambiciones profesionales porque tienen hijos y no encuentran ayuda, ni de sus parejas ni del Estado, para que su cuidado no las encierre en las casas, otra vez como si fueran sus abuelas sin estudios.
El feminismo es una revolución peculiar. Ha ido sucediendo por olas. Con un
ritmo despacioso y amigable muy del estilo de las mujeres.
La primera ola, la sufragista, luchó a principios del siglo XX para que las
mujeres pudieran votar. La segunda ola, ocurrida en los años 40, sacó a las
mujeres de sus casas, para que estudiaran y se incorporaran al trabajo. La
tercera ola, iniciada en los años 70, intentó llevar a las mujeres al Poder,
al poder político y social, en la misma medida que los hombres. Es una ola
congelada, detenida, que no termina por cumplirse.
Para de verdad festejar que las mujeres somos ciudadanos de primer orden,
nos falta una cuarta ola, un cuarto impulso feminista.
Nos falta otra vez organizarnos. Para empezar, nos urge abrir grupos de
debate, como aquel donde cada viernes mis alumnas en Berkeley conversan (y
que sólo después de nuestra plática se han animado a llamar “feminista”):
grupos para imaginar nuevas formas de vivir.
¿Cómo solucionar la maternidad sin perder el mundo? ¿Qué quiere decir
solucionar la maternidad? ¿Cómo unir las cuestiones domésticas con lo social
y lo político? ¿Qué nuevo tipo de alianzas entre mujeres debemos establecer?
Apuntaba Gloria Steinem hace ya tantos años que parecen imposibles, 30 años:
“La revolución de las mujeres es una verdadera revolución”.
En aquel entonces sonaba atractivo, pero improbable. Y sin embargo el tiempo
le viene a dar la razón a la señora Steinem. Parece ser que para que las
mujeres sean ciertos ciudadanos de primer nivel, hace falta terminar de
cambiar la sociedad humana por completo. Desde sus estratos de Poder hasta
sus humildes cimientos: la vida familiar en las casas y la maternidad, de la
que cada ser humano proviene.
Bueno entonces, es tiempo de regresar al trabajo. Es tiempo de que todas
esas universitarias enclaustradas en casas, salgan. Es tiempo de que las
mujeres más jóvenes se enteren que todavía el mundo no está hecho para
ellas. Es tiempo de despertar a la palabra feminismo. Y por fin, de una vez
por todas, acabar el trabajo pendiente.
Sabina Berman (1956- )
Quienes la conocen aseguran que a los seis años ya gozaba el escribir
poemas, aunque en su infancia su mayor sueño era ser pintora. Estudió
sicología en la Universidad Iberoamericana y abrió horizontes de
conocimiento con su entrada a la compañía de teatro del maestro Héctor Azar.
Su participación en la dramaturgia también estuvo marcada por Hugo Argüelles
y Abraham Oceransky. Ha obtenido en varias ocasiones el Premio Nacional de
Literatura Dramática, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes
(INBA). De igual forma tiene publicados libros de poesía y obras infantiles.
“Entre Villa y una mujer desnuda” es su obra más conocida que incluso saltó,
con su apoyo en la dirección, al cine.
















Marzo 8, 2007 at 1:01 pm
Gracias!
Marzo 8, 2007 at 11:12 am
Sr. (le falta materia) Gris.
Estamos hablando del día de la mujer.
Desde aquí, desde mi lugar de trabajo, les puedo decir que todavía no tenemos la cultura de igualdad de géneros. Por ejmplo hubo un concurso de selección para ver quien quedaba como jefe del departamento.
Existían dos candidatos, un hombre y una mujer, adivinen quien quedó?.
La mujer sabía lo doble del que quedó, pero ya saben como se trabaja en el gobierno, primero los hombres, primero los que tienen palancas y al final los que siguen en el hueso público.
Me dan ganas de vomitar.
Marzo 8, 2007 at 10:55 am
Si lo mejor es tener un gobierno que dice ser de izquierda, que postula candidatos de ultra derecha, y si no le funciona, postula comediantes. Ese es el futuro de México y de las mujeres, minimo si no tienen derechos se podran reir un rato…
El articulo esta muy bueno, eso si.
Marzo 8, 2007 at 10:20 am
CADA VEZ SOMOS MÁS LAS MUJERES QUE LLEVAMOS ADELANTE NUESTRO HOGAR. YA NO ES TAN CIERTA ESA FRASE DE “DETRAS DE UN GRAN HOMBRE HAY UNA GRAN MUJER” NO ESTAMOS ATRÁS, YA VAMOS JUNTO A ÉL Y A VECES ADELANTE.
FELIZ DÍA A TODAS LAS MUJERES QUE LUCHAN DÍA A DÍA POR TRATAR DE HACER DE ESTE MUNDO UN LUGAR MEJOR!!!!!