Los mexicanos no leemos
nov 15, 2007 7:19 am Cultura General
Los libros o fragmentos de libros que se leyeron en la universidad no tuvieron otro propósito que el de sacar la carrera.
Leer no es un ejercicio muy popular en el mundo, y leer buenos libros es todavÃa más impopular lo mismo en México que en otros paÃses, con la única diferencia de que en los paÃses ricos la población culta es más amplia, el tiempo del ocio más prolongado y mejor invertido y la tradición editorial y literaria más respetada y estimada.
Para los paÃses ricos, y cultos, las estadÃsticas hablan de veinte o más libros por ciudadano en el Ãndice de lectura, a diferencia de paÃses como el nuestro, con apenas un libro y acaso menos en su promedio. Lo que no se aclara, casi nunca, es el mágico y equÃvoco mecanismo con el que funcionan las estadÃsticas y que puede sintetizarse del siguiente modo: si un hombre se ha comido un pollo y otro no ha comido nada, para la magia estadÃstica cada individuo se ha comido medio pollo. En México, la estadÃstica le atribuye un medio libro a personas que nunca han leÃdo no ya digamos medio libro, sino ni siquiera media página.
Las bibliotecas públicas en México deben modificar, ciertamente, sus funciones para lograr que los niños, los adolescentes y los jóvenes sean lectores verdaderos y no únicamente usuarios de lo inmediato. Pero este cambio no puede asumirse, por sà solo, desde las bibliotecas; es un cambio pedagógico, educativo y cultural; es un cambio que involucra a la escuela y al concepto de educación; un cambio que pone en crisis al sistema educativo completo y le exige que defina su propósito, su interés y su más trascendente filosofÃa.
La estimulación temprana de la lectura, que tendrÃa que generarse en los ambientes de la familia y de la escuela básica, resulta muy reducida cuando no inexistente, por el hecho simple de que tanto padres de familia como profesores provienen de la misma problemática de una sociedad que no ha privilegiado y ni siquiera incentivado la lectura porque, con un concepto utilitarista, la ha venido considerando una pérdida de tiempo y una desviación de los deberes y los asuntos relevantes.
Una de las urgencias del sistema educativo es trabajar en un esquema más dúctil, menos rÃgido, más noble, para que los estudiantes se vuelvan también lectores, legitimando el enorme potencial del conocimiento extracurricular. Sólo asà podrá facilitarse la tarea de lograr que los usuarios de bibliotecas públicas sean asimismo lectores o, todavÃa mejor, que los verdaderos lectores sean también usuarios de las bibliotecas públicas.
En La palabra educación, un libro que recoge la prosa oral de Juan José Arreola que ojalá volviera a reeditarse (porque nada de lo que ahà leemos ha caducado), el autor de Confabulario nos llama la atención a propósito de algo que deberÃamos saber pero que, con mucha frecuencia, ignoramos o, lo que es peor, pasamos por alto: ?La cultura consiste en ponerse uno en el espÃritu lo que le pertenece, aunque no lo haya pensado. Hay poemas enteros que los siento totalmente mÃos porque me dicen a mà mismo, me ayudan a saber quién soy; cuando los recito parece que yo los estuviera componiendo porque los vivo. La cultura es auténtica cuando revive en nosotros?.
Fernando Savater, a manera de reflexión final:
?Vivimos entre alarmantes estadÃsticas sobre la decadencia de los libros y exhortaciones enfáticas a la lectura, destinadas casi siempre a los jóvenes. Hay que leer para abrirse al mundo, para hacernos más humanos, para aprender lo desconocido, para aumentar nuestro espÃritu crÃtico, para no dejarnos entontecer por la televisión, para mejor distinguirnos de los chimpancés, que tanto se nos parecen. Conozco todos los argumentos porque los he utilizado ante públicos diversos: no suelo negarme cuando me requieren para campañas de promoción de la lectura. Sin embargo, realizo tales arengas con un remusguillo en lo hondo de mala conciencia. Son demasiado sensatas, razonan en exceso la predilección fulminante que hace ya tanto encaminó mi vida: convierten en propaganda de un master lo que sé por experiencia propia que constituye un destino, excluyente, absorbente y fatal.?
Juan Domingo Argüelles
Los usos de la lectura en México














noviembre 23, 2007 at 1:17 pm
Estoy de acuerdo en que hay que poner los libros más a la mano, hacerlos más disponibles para todos desde los primeros años de escuela para que formen una parte natural de la vida diaria, lo mismo que la television, el internet, los videojuegos… no andar pregonando que el mexicano no lee y por lo tanto es un inculto, con esa propaganda no creo que se gane mucho.
noviembre 16, 2007 at 1:08 am
noviembre 15, 2007 at 5:17 pm
A muy pocas personas les gusta leer, otras no han agarrado un libro desde que salieron de la escuela, creen saberlo todo y como bien mencionas, muchas de ellas solo leen los libros para los exámenes o para sacar la carrera.
Hace poco un persona me decÃÂa que ya no compraba libros por que ya tenÃÂa internet, y que podÃÂa buscar ahàtoda la información, pero me hacÃÂa un comentario aparte de que “lástima que la mayorÃÂa está en inglés y a mi me da flojera leer en inglés, de por si en español leo poco”.
Ya para terminar, en un libro, si no mal recuerdo en el que narra la vida de Emilio Azcárraga padre (que en este momento no recuerdo como se llama el libro, creo que algo de “El Tigre”) menciona más o menos algo parecido a lo que voy a escribir, ya que no recuerdo donde dejó ese libro mi papá “…la televisión se hizo para los incultos y a mi me conviene que no hagan otra cosa si no estar pegados a ella…”
En fin, mientras yo voy a seguir leyendo hasta que me quede ciego.
noviembre 15, 2007 at 10:27 am
Saludos!!!
noviembre 15, 2007 at 10:26 am