En la Ciudad de México es muy común que te pongan algún apodo, sobre todo si tienes un defecto físico o una debilidad “mental”.
Sí, si eres medio güey te dirán el caracol; si eres mujer y no eres agraciada te dirán la nadadora o por el contrario te dirán la suiza; ni se te ocurra sufrir de acné, porque te encontrarán los peores apodos.

De los cuates que me acuerdo y que tenían apodo, uno el pepsicolo, el velas, el matute, el grillo, el kilos, el chaquetas, el roling, el puma, el perro, el tatú, etc. etc.

Yo tuve varios en la vida. En la primaria siempre me decían el enano, o algo parecido, ya que entré a primero a los 5 años y siempre era el más chico.

En la secundaria, como estuve becado en una escuela israelita aquí en México, tenía apodos que me ponían en Hebreo o Idish. Como no les entendía, ni me preocupaba.

En Bachilleres me decían el corajes, será porque siempre en las canchas quedaba yo solito jugando, por correr a mis co-equiperos. O simplemente se referían a mi por “oye no viste al pinche Adán”, claro porque cuando tienes un nombre o un apellido llamativo, de seguro te dirán así. Eso sí con los maestros eran los apodos más manchados, a la de Filosofía, le decíamos “la chuleta”, claro por su peso; una que estaba mal de un pie le pusieron “la inmortal”, porque “nunca estiraría la pata”; a la de ecología como tenía un gran trasero, pasaba y susurrábamos “globos, globos”; a un maestro que tenía mal aliento se llamaba Elías y le decíamos “maestro Olías”… así de corridito y no se daba cuenta.

De adolescente en los diferentes barrios que viví, casi siempre me decían el púas, por mi parecido al boxeador púas Olivares. Por unos años jugué de portero -que por cierto es de lo que mejor jugué, utilizaba un sueter muy colorido y me decían “la colorina”.

En la Universidad fue diferente, hubo más respeto.

Cuando estuve en San Francisco California y hablé mi primer palabra en un campo de fútbol, me llamaron “el chilango”, desde ahí todo mundo me conocía por ese apodo, creo que muy pocos sabían que me llamaba Adan.

¿Y a ti que tan mal te ha ido con los apodos?