Una golpeadora como “roommate”
Mar 1, 2006 8:03 pm Vida personal diseñÃstica
Al tratar de buscar una foto con una persona vestida con un traje de piel, encontré una galerÃa de lo que se llama “fetiches”: Fetish Foto
Eso me recordó una vez que estaba buscando un cuarto para rentar en San Francisco.
Al ver un clasificado en el San Francisco Chronicle me llamó la atención porque decÃa:
Amplio ‘loft” ubicado en buena zona, con estacionamiento, cocina y centro de lavado”
¿Qué más querÃa?
Pero abajo con letras más pequeñas se leÃa:
No le hice caso a lo último y me enfilé al lugar antes de que alguien me lo ganara, sobre todo que en esa época era muy difÃcil encontrar un buen departamento (1998).
Llamé por teléfono para una entrevista esa misma tarde.

Al llegar me recibió una belleza andando, muy sencilla, con amplias caderas, una cara hermosa, dulce en su hablar y sobre todo muy amigable.
Me explicó las reglas del lugar, que no podÃa hacer fiestas, -yo creo que como me veÃa mexicano no querÃa que trajera a toda la bola de amigotes. Que el centro de lavado lo podrÃa usar sólo de lunes a miércoles.
Y sobre todo que fuera discreto.
El precio fue una ganga 800.00 dólares al mes, al instante le di los dos meses de adelanto.
Todo transcurrió muy normal, ella se iba al gimnasio todas las mañanas, no hacÃa nada extraño, hasta que llegaba el jueves, bueno el pasillo que daba a mi ventana comenzó a ser la pasarela de una y otra persona, parejas, mujeres solas, hombres entrados en años, etc. etc.
Por supuesto que siempre supe qué era una dominatrix, pero jamás me imaginé que tuviera tantos “clientes”, de todas clases, de todos colores y sobre todo de diferente estatus marital.
Parece que nunca se terminaban, hasta las 5 de la mañana se fue el último. El viernes y sábado fue una locura, no creo que tuvo un minuto de descanso.
Lo más curioso es que no se escuchaba nada, ni un sólo ruido.
En fin asà estuve por unos seis meses, hasta que logré su confianza, ya que platicábamos casi todos los dÃas en la cocina, a la hora de la cena.
Me dijo que si no estaba curioso de lo que se encontraba detrás de los muros de sus cuartos. Le dije que desde el primer dÃa querÃa saber qué habÃa allÃ.
Me invitó al sitio, pero sólo al primer nivel.
No lo podÃa creer, infinidad de “aparatos”, artÃculos de piel, cadenas, etc. etc.
Aunque ya habÃa visto esas cosas en alguna de las tiendas “exxxclusivas” que se encuentra en el “Tenderloin”, no podÃa imaginarme que esas ya estaban muy usadas por mi “roommate”.
Fue un gran shock, sobre todo porque al verla, podÃa jurar que era la persona más linda de la ciudad.
Después de estar allà por 8 meses, me fui a vivir a un lugar más amplio y más barato, la parte de abajo de la casa de una amiga salvadoreña, asà que ya no vi más a toda la pléyade de clientes “extraños”.
Uffff por lo menos me salvé de unos cuantos latigazos en las “nylons”.








Marzo 2, 2006 at 11:44 am
No, no trataba de dominar para nada.
Hasta cuando “bamos de compras me preguntaba qué comprar y a donde ir.
Por eso dicen “caras y cuerpos vemos, mañas y fetiches no sabemos”.
Marzo 2, 2006 at 10:41 am
Buenisima historia Adan.
Pero a poco…¿Fuera de su “trabajo” no tenÃa nada de dominante?